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QUINQUI STARS
De la calle al cine
![]() Ángel Fernández Franco "El Torete" convertido en estrella de la noche a la mañana. El cine y los medios de comunicación elevaron al "Quinqui" a la categoría de mito. Desde 1978 y 1985 se produjeron en nuestro país unos 30 títulos de “Cine Quinqui”, muchas de ellas con recaudaciones millonarias. Era la España de la heroína, de la delincuencia juvenil y de los macarras de barrio esqueléticos embutidos en chándal de mercadillo. Fue la España retratada en las películas de José Antonio de la Loma y Eloy de la Iglesia y la España que regresa ahora a Barcelona con la exposición “Quinquis de los ochenta: cine, prensa y calle”. Bajo este título, el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona analiza las características de estos personajes, elevados a la categoría de iconos populares, su contexto, su entorno y la influencia que tuvieron en medios como el cine y la prensa de la época. Se movían a ritmo de “rumbita quinquera” y ni el mismísimo Fernando Alonso les hubiera dado caza cuando huían de la policía a bordo de un SEAT 127 robado. Juan José Moreno Cuenca “El vaquilla”, Ángel Fernández Franco “El torete”, José Luis Manzano o José Luis Fernández Eguia “Pirri” son algunos de los nombres míticos de este movimiento social y cinematográfico con banda sonora de Los Chichos, Los Chunguitos y Las Grecas. Uno de los principales representantes y “fundadores” del género fue el cineasta barcelonés José Antonio de la Loma. Hijo de militar y maestro de escuela en el Barrio chino de Barcelona, en su faceta de cineasta de la Loma era un firme convencido de que el modelo del cine popular hollywoodiense era perfectamente exportable al cine español de los 60. Así dirigió varios Spaguetti western y películas de acción antes de convertirse en cronista de la marginalidad social. De su visita al barcelonés Barrio de La Mina nació la película inaugural del género quinqui, Perros callejeros (1977), las aventuras de un golfillo al que acababa de conocer en el mencionado barrio. Su nombre: Juan José Moreno Cuenca, “El Vaquilla”, quien sin embargo, no pudo protagonizar la película por ser un pésimo actor y encontrarse enchironado. En su lugar, De La Loma eligió a uno de sus amigos, Ángel Fernández Franco, ya para siempre convertido en “El Torete”. Los extraordinarios beneficios de la película propiciaron la producción de una segunda parte: Perros callejeros 2: busca y captura (1979) y una tercera, Los últimos golpes del torete (1980), completando la trilogía. De La Loma se atrevió incluso con una versión femenina titulada Perras callejeras (en un alarde de originalidad sin precedentes), protagonizada por Sonia Martínez, tierna presentadora de programas infantiles que, en un cruel giro del destino, murió años después a causa de un SIDA contraído por su adicción a la heroína. Agotadas las posibilidades de secuela, el visionario De La Loma se nos marcó la precuela Yo, el vaquilla en la que el presidiario más popular del país nos narraba sus andanzas infantiles. ![]() En Colegas se trataban temas como la homosexualidad, las drogas y el tráfico de bebés. En su siguiente película, Colegas, la homosexualidad, el paro y el tráfico de bebés se añaden a la delincuencia y las drogas y Antonio y Rosario Flores se suman al casting en el que repetían Pirri y Manzano. La película repitió el éxito de Navajeros y José Luis Manzano consiguió portadas, entrevistas y papeles en varias series de televisión. Aunque sin duda, el mayor éxito del tándem De la Iglesia-Manzano fueron las películas El pico (1983) y El pico II, un paso más en el “más difícil todavía” que el director vasco asumía en cada nuevo proyecto: El pico ofrecía un nuevo enfoque sobre el mundo de las drogas al situar el problema en los contextos familiares de dos familias vascas: la de un Guardia Civil y un diputado aberzale. Para entonces, realidad se había confundido con ficción y tanto Manzano como de la Iglesia se habían enganchado irrevocablemente a la heroína aunque su relación profesional todavía dio un título más a la historia del cine: La estanquera de Vallecas, el último coletazo del “Cine Quinqui”. Poco después, José Luis Manzano desaparecería de la escena pública completamente enganchado al caballo y murió de sobredosis y hundido en la miseria, en el mismo descampado en el que unos años antes habían encontrado el cadáver de su amigo Pirri. Otros directores que dieron algún título a este género de culto fueron Gil Carretero (Chocolate, 1979), Carlos Saura (Deprisa, deprisa , 1980) o Montxo Armendáriz (27 horas , 1986). Todos estos títulos y su historia conforman una parte importante del cine español a la que ahora la exposición del CCCB rinde homenaje. Películas que elevaron al “Quinqui” a la categoría de mito. Mito que, a día de hoy, está más vivo que aquellos que lo personificaron y se dejaron la vida en un descampado con una jeringuilla colgando del brazo.
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Reportajes Temáticos
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