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Vivir de Cine
reportaje temático
YES, WE CAN!
El affaire del Cine y la Política
Filmotech. Enviar a un amigo

Spencer Tracy y Katharine Hepburn en  El estado de la nación

Spencer Tracy y Katharine
Hepburn en El estado de la nación

Cazas de brujas,
magnicidios presidenciales,
corrupción electoral,
escandalosos amorosos...
Hollywood adora la política,
¿o es que la política adora
Hollywood?
En un año electoral a tope, Hollywood vuelve a dar muestra de su rentable pasión por la política con el estreno de El último voto protagonizada, entre otros, por Kevin Costner y Dennis Hopper. En filmotech.com hemos querido hacer un repaso de este intenso romance político-cinematográfico aprovechando que, esta semana de resaca electoral, Kevin Costner vuelve a la gran pantalla interpretando a un ciudadano corriente, tirando a "hiper-loser", de cuyo voto depende, ahí es nada, la presidencia de los Estados Unidos de América. Y es que si durante estos últimos meses, los actores se han decantado por Obama, al margen de los candidatos que se presenten, es evidente que Hollywood adora la política. A veces recuerda las biografías de sus presidentes más queridos, o más odiados, según se mire. Otras, prefieren referirse a hechos puntuales como la entrada en una guerra, un atentado, un escándalo amoroso o una encarnizada campaña electoral. Vamos a verlo.

El duro camino hacia la presidencia. No sabemos si es tan duro el camino, pero lo que sí es largo y abundante es el listado de películas que han tratado directa o colateralmente las suculentas campañas políticas. Si en El candidato Robert Redford representaba el lado más heroico de un demócrata decidido a hacerse oír a pesar de enfrentarse al propísimo Nixon, en El Estado de la Unión, el magnate Spencer Tracy hacía trampas pidiendo a su ex (Katharine Hepburn), que hiciese el papel de amantísima esposa para ganar las elecciones. Y es que Frank Capra, su director, alimentó magistralmente el romance entre el séptimo arte y la política aunque dulcificaba, con su estilo, la carga crítica de unos guiones que dejaban al descubierto las miserias del mundillo. Así, en Juan Nadie, un vagabundo interpretado por Gary Cooper es elevado a los altares políticos por los tejemanejes del director de un periódico; y en Caballero sin espada, James Stewart se pone en la camisa de un ingenuo senador que lucha contra la máquina de la corrupción política, defendiendo la honestidad como valor primordial. ¡Qué bonito! ¡Y que "Caprista"!

Otros han aportado, sin embargo, una mirada más ácida. En Ciudadano Bob Roberts, el siempre comprometido Tim Robbins, desenmascara las verdaderas intenciones de un cantante de folk que se presenta para el Senado por el estado de Pennsylvania; mientras que Bulworth, de Warren Beatty, presentaba a un candidato demócrata que, sin nada que perder, se pone a decir verdades como puños sobre la realidad de la política estadounidense y sus juegos de poder con bancos y grandes empresas multinacionales. La película fue duramente boicoteada por éstas. Aunque, sin lugar a dudas, la cinta que mejor ejemplifica el affaire que aquí nos ocupa es La cortina de humo. Dirigida por Barry Levinson y protagonizada por Robert De Niro y Dustin Hoffman, el ingenioso escritor y guionista David Mamet despliega toda su mala leche en esta historia en la que un presidente, cercano a la reelección, decide inventarse una guerra en un remoto país para tapar un escándalo amoroso en el que ha sido pillado "in fraganti". Su cómplice: un productor de Hollywood.

Atentados, guerras y cazas de brujas. La oscuridad de la vida política en la propia oscuridad de una sala de cine sigue abriendo el inagotable pozo de historias. Oliver Stone es, en este sentido, uno de los que se toman más en serio la política norteamericana. Ahora, en pleno momento de caída republicana, estrena W., una película sobre la vida de George W. Bush. Sin embargo, su historial es ya largo en estas lides. Aireó las luces y sombras de un Nixon, protagonizado o mejor dicho “sobreactuado” por Sir Anthony Hopkins, pero firmó una de sus mejores películas con JFK, thriller protagonizado por el ya mencionado Kevin Costner, que destapa la teoría de la conspiración en el asesinato de Kennedy.

Dustin Hoffman, Robert de Niro y Anne Heche en  La cortina de humo

Dustin Hoffman, Robert de Niro y Anne
Heche en La cortina de humo
Y hablando de la familia Kennedy, no sería esta la primera ni la última vez que han sido retratados por la industria. En 13 días, Kevin Costner (¿por qué siempre Kevin Costner?) rememoraba la Crisis de los Misiles que puso en jaque a EEUU y el resto del mundo. Recientemente, la magistral Bobby repasaba las 24 horas anteriores al asesinato del senador Robert Kennedy, hermano del malogrado presidente.

Otros títulos han realizado su crónica a medio camino entre el periodismo y la política. Dustin Hoffman y Robert Redford sacaban a la luz el Watergate en Todos los hombres del presidente y George Clooney hacía lo propio con el Senador McCarthy en Buenas noches y buena suerte. Ya era hora de que Hollywood diese caña al que fuera su gran inquisidor y el mayor cercenador de talentos cinematográficos de toda su historia.

El presidente y sus amores. Pongámonos menos trascendentales porque valga la redundancia y disculpen el lugar común, no sólo de política vive la política estadounidense. El morbo que provoca la vida privada del principal residente de la Casa Blanca ha dado de comer también a muchos guionistas. Primary Colors, por ejemplo, se inspiraba claramente en el presidente Clinton y, en el polo opuesto, El presidente y Miss Wade sacaba el lado más empalagoso de los problemas a los que se enfrenta un presidente para tener vida sentimental. En Candidata al poder la siempre sufridora Joan Allen era objeto del chantaje de los conservadores que querían arrebatarle la presidencia utilizando su pasado sexual.

En España también hacemos política. Pero que no parezca que sólo interesa la política al otro lado del charco. España ha dado al mundo muchas y variadas muestras de su interés por la política. Sólo debemos recordar el altísimo porcentaje de producciones que han sido, son y serán dedicados al franquismo y los fantasmas de la guerra civil. Sin embargo, en un cuanto a lo que entendemos por democracia, hemos dado al mundo títulos como la desternillante saga de los Leguineche en La escopeta nacional y Patrimonio nacional; la llegada del PSOE en ¡Que vienen los socialistas!; los políticos títeres de Atilano presidente; la sabiduría popular de los diputados en El disputado voto del señor Cayo... Pero el cine español también se ha hecho eco de acontecimientos históricos más serios como la matanza de los abogados laboristas de Atocha en Siete días de enero del maestro Bardem, o títulos que retratan con diferentes ópticas las actividades de ETA como Yoyes, GAL y El lobo.

Y bien, después de este periplo, ha llegado la hora de hacer apuestas. ¿Qué tono tendrá la biografía del recientemente elegido Barack Obama? ¿Será una de escándalos amorosos, con Sarah Palin como partenaire? ¿De guerras y atentados con las amenazas de Irán y Corea del Norte? ¿De compra de votos "a lo Florida"? Por lo pronto, esperemos que se parezca más a una historia épica, dirigida por Spike Lee, que a una de magnicidios a lo Oliver Stone. En lo que respecta al presidente saliente, George W. Bush, la suya fue escrita y dirigida hace ya algunos años. Se llamó Bienvenido Mr. Chance y la interpretó el mítico Peter Sellers en el papel de un jardinero medio oligofrénico que acababa, ¡albricias del destino!, sentado en el despacho oval presidiendo la nación más poderosa del planeta. Porque, siendo sinceros, ¿no hubiera sido mucho mejor una buena comedia de Peter Sellers?

Spencer Tracy y Katharine Hepburn en  El estado de la nación

Emma Thompson y John Travolta en Primary colours

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