Un gran número de obras cinematográficas tiene alguna escena o secuencia que se desarrolla en una cárcel y hay muchas de ellas cuya totalidad o un importante porcentaje de su metraje tiene como escenario de la acción un centro de reclusión. En los años 30, 40 e incluso 50 este género estuvo bastante en boga y dio origen a espléndidas producciones; aún hoy, en los últimos años, aparecen cintas de estas características. La temporada pasada fue la española Celda 211, que arrasó en taquilla, y ahora se estrena Stone, el precio de la libertad, donde Robert de Niro aparece como un empleado de una prisión de máxima seguridad y Edward Norton es el Stone del título, un condenado a trece años de prisión por encubridor de un crimen. Según los comentaristas cinematográficos se trata de un producto estimable de alto contenido social.
Warner Bros., la importante productora de Hollywood, fue la primera compañía americana que apostó por las películas de gangsters y ambiente carcelario. Sus grandes estrellas: Paul Muni, George Raft, Edward G. Robinson, James Cagney y Humphrey Bogart, tarde o temprano fueron condenados por la Warner a pasar un tiempo tras las rejas de una prisión. De 1932 data una obra capital del género titulada
Soy un fugitivo de Mervyn LeRoy, la odisea de un inocente, un fabuloso Paul Muni, condenado a diez años de prisión. Basada en un libro autobiográfico fue piedra de toque en el cine carcelario e influyó de manera capital en este nuevo tipo de cine.
Burt Lancaster sufrió los rigores de la prisión en dos memorables ocasiones. En la primera
Fuerza Bruta (1947) de Jules Dassin, con guión del futuro director Richard Brooks, era el cabecilla de un grupo de marginados prisioneros en busca de la anhelada libertad. Una película tremenda, sádica y brutal donde Mr. Lancaster, increíblemente carismático y eficaz, se salía de la pantalla con un magnetismo fuera de lo común. No en balde
Fuerza bruta lo convirtió en una megaestrella de la pantalla. Quince años después en 1962, se hizo cargo, a las órdenes de John Frankenheimer, de un personaje completamente distinto, el de un hombre condenado a cadena perpetua, el cual llevado por su afición a los pájaros se convierte al cabo de los años en una autoridad mundial en el estudio de las costumbres y crianza de las aves.
El hombre de Alcatraz está inspirada en hechos reales y Mr. Lancaster estuvo nominado al Óscar por su magnífica creación del ornitólogo cautivo.
Papillón, mariposa en francés, era el mote con el cual era conocido un notorio delincuente galo llamado Henri Charrière. Este hombre fue condenado de por vida en el penal inexpugnable de la Isla del Diablo en la Guayana francesa. Gracias a su astucia e inteligencia consiguió escapar tras una odisea increíble que le llevó hasta Venezuela, donde bajo nombre falso llevó una normal y feliz vida de familia. Charriere escribió un libro sobre sus aventuras. La narración se convirtió en un best seller y en 1973 Franklyn J. Shaffner con un modélico guión de Dalton Trumbo construyó una película apasionante pese a su largo metraje.
Papillón fue en la pantalla un inolvidable Steve Mcqueen quien fue nominado al Óscar como mejor actor del año.
Brubaker (1980) es Robert Redford, el nuevo y concienciado alcaide de una prisión quien se hace pasar por un detenido más, antes de hacerse con su cargo, para enterarse de los tejemanejes, la corrupción y la forma de vida de los presos. Cuando descubre su identidad se verá impedido por las altas esferas a realizar los cambios en el sistema penitenciario que le parecen imprescindibles. Brubaker está también basada en hechos reales.
En
La leyenda del indomable (1967) de Stuart Rosenberg, el mítico Paul Newman encontró uno de sus mejores papeles, el de Luke, apodado Manofría, un rebelde condenado por una falta menor a trabajos forzados; como en casi todas estas películas, el protagonista planea cómo evadirse; la película, aparte de los momentos violentos y tremendos que viven los reclusos, está salpicada de divertidísimas secuencias de humor, como aquella en que Mr. Newman, por una apuesta, se traga una enorme cantidad de huevos duros.
Tres de las mejores muestras del género de los último tiempos son:
El expreso de medianoche (1978) de Alan Parker, presentada en Cannes y ganadora de varios Óscar, narra la verdadera historia de las desastrosas experiencias de un chico americano Billy Hayes, en una despiadada cárcel turca por haber intentado sacar del país hachís de contrabando, camuflado en su cuerpo. Su estancia en la prisión le llevará al borde de la locura antes de poder evadirse. A este personaje real le dio vida y saltó a la fama un joven y notable actor llamado Brad Davis, el cual murió prematuramente de sida. El guión escrito por Oliver Stone se llevó ese año un Óscar.
La Fuga de Alcatraz (1979) de Don Siegel, donde Clint Eastwood fue dirigido por su maestro y mentor, cuenta la hazaña de tres internados en Alcatraz, que en 1962 fueron los únicos presos que lograron evadirse de la cárcel más inexpugnable de Estados Unidos. Sus paraderos jamás fueron descubiertos y el penal fue cerrado poco tiempo después de la increíble huida.
Y
Cadena perpetua (1994) en la que debutó en el largometraje el realizador
Frank Darabont que contó con dos actores excepcionales como protagonistas; un famoso abogado, Tim Robbins, es condenado a cadena perpetua por un delito que no ha cometido, el asesinato de su esposa. En la prisión de Shawshank se gana el respeto de sus compañeros y sobre todo el del aparente cabecilla de los reclusos,
Morgan Freeman. Esta amistad será el comienzo de un arriesgado plan de fuga, el cual, aunque descabellado, tendrá un final feliz.
Cadena perpetua es la espléndida versión cinematográfica de una narración corta de Stephen King que se convirtió instantáneamente en un clásico del cine.
Las mujeres tienen un importante apartado, interpretado casi siempre por magníficas actrices, en esta clase de cine. Seguramente la película más conocida de este particular género sea
Quiero vivir de Robert Wise (1958), donde Susan Hayward de vida a Barbara Grahan, una prostituta rebelde y arisca condenada a morir en la cámara de gas. Miss Hayward vivió con tal intensidad, entrega y furia su personaje que fue distinguida con el Óscar a la mejor actriz de aquel año. Otra destinada a la silla eléctrica fue
Sharon Stone en
Condenada de Bruce Beresford (1995), donde un joven abogado se interesa por su caso e intenta salvarla de una ejecución segura. La actriz, sin rastro de maquillaje, vive con intensidad su papel.
Diane Keaton y Susan Sarandon, también visitaron la cárcel, pero no como reclusas sino como mujeres que tratan de ayudar de diferentes maneras a prisioneros desesperados. En
Mrs. Soffel de Gillian Armstrong (1984) Diane Keaton, la esposa del gobernador de una cárcel de Pitsburg, se enamora de un convicto de asesinato, Mel Gibson, huye con él lejos de la ciudad e intentan llevar una nueva vida. En
Pena de muerte (1995), Susan Sarandon dirigida por su marido en la vida real Tim Robbins, se convertía en la hermana Helen, un alegato contra la pena capital donde esta mujer intentará hacer más llevaderos los últimos días de vida de un condenado a muerte, Sean Penn, por el asesinato de dos adolescentes, film basado en hechos reales ocurridos en Louisiana. Miss Sarandon da un magnífico recital como intérprete que le proporcionó el Óscar de la Academia de Hollywood.
En todos los países del mundo se han rodado films de cárcel. Alguno de los que han dejado huella son
McVicar de Tom Clegg (1980), producción británica protagonizada por Roger Daltrey, cantante del grupo The Who, quien está muy bien como un peligroso delincuente apodado por Scotland Yard como ?el enemigo público número uno de Inglaterra?, y el cual logrará escapar de su confinamiento en la prisión de Durham tras múltiples peripecias. La película está basada en un libro escrito por el propio McVicar.
En Irlanda se filmó, protagonizada por Daniel Day Lewis,
En el nombre del padre de Jim Sheridan (1993), el relato de un joven rebelde de Belfast, condenado falsamente de ser un terrorista.
Los italianos reunieron a Anna Magnani, una de las más grandes y pasionales actrices que han existido, y a Giulietta Massina, otra inconmensurable intérprete, en el terrible drama carcelario
En la ciudad el infierno de Renato Castellani (1959).
También el cine mejicano metió en prisión a tres grandes estrellas: la española
Sara Montiel, la checoslovaca Miroslava y la autóctona Katy Jurado en
Cárcel de mujeres de Miguel M. Delgado (1951).
Das experiment de Oliver Hirschbiegel (2001), hecha en Alemania es como su nombre indica un experimento hecho con hombres comunes y corrientes encerrados en una cárcel para observar sus comportamientos al estar privados de libertad. Film basado en un caso real que tuvo un final inesperado y trágico.
Para final hemos dejado auténticas obras maestras del cine francés.
Le trou (1960) del maestro Jacques Becker, la historia de Claude un supuesto culpable encerrado en la prisión de La Santé por la falsa acusación de su mujer de haber intentado asesinarla. En la cárcel se une a un grupo de reclusos y excavan un túnel por el que escaparán. El día fijado para la huida, a Claude le comunican que su mujer ha retirado los cargos y le van a dejar en libertad. Interrogado delatará a sus amigos.
Otro clásico de la cinematografía gala es
Un condenado a muerte se ha escapado (1956), del celebérrimo
Robert Bresson, la acción del film ocurre en Lyon durante la invasión alemana, donde un resistente es encarcelado por los nazis acusado de sabotaje; valiéndose de utensilios de uso diario como herramientas logrará abrir un pasadizo por el que escapará. Por supuesto no podemos dejar de mencinar en este apartado
Un profeta, una de las obras maestras que ha dado el cine galo en los últimos tiempos.
El cine carcelario aún goza de buena salud y ha contagiado a la televisión. La pequeña pantalla ha producido grandes series de alta calidad y enorme popularidad como ?Prison Break? y ?Oz?, uno de los espectáculos más duros, sádicos, y sexualmente explícitos que nunca se han visto. Por lo tanto a este sombrío género le queda aún mucha vida por delante.