Piedras
Encandiló a Luis Buñuel no sólo con su rostro limpio y hermoso y unos expresivos ojos, sino con su naturalidad y su arrolladora fuerza interpretativa tan propia de la mujer mediterránea. Ahora Ángela ya no es la joven dulce de Ese oscuro objeto del deseo, sino la actriz desgarradora de grandes nombres del cine mundial como Giusseppe Tornatore o Pedro Almodóvar. Esta semana vuelve a los cines con Vidas pequeñas, pero con más 100 películas a sus espaldas, se puede decir que ella nunca se ha ido. De sus célebres origen, no queda mucho que decir.
Antonio Molina, el padre de
Ángela fue un famoso cantante de copla que protagonizó un buen número de taquilleras películas. De su madre Ángela Tejedor heredó la belleza mediterránea y la bondad. Nació en Madrid el 5 de octubre de 1955 y tiene siete hermanos, muchos de los cuales también se han dedicado al mundo del espectáculo.
Era una niña con mucha imaginación que siempre estaba disfrazándose con la ropa de su madre; le gustaba recitar y escribía cuentos fantásticos. A los siete años recibe clases de baile español y ballet clásico. También asiste a clases de interpretación. Al terminar las carreras de danza española y ballet clásico, estudia Arte dramático en la Escuela Superior de Madrid; tiene 17 años y unas ganas inmensas de ser actriz profesional. La revista Fotogramas, en una de sus secciones que dedica a hijos de famosos del cine, le hizo un extenso reportaje fotográfico que al publicarse llamó la atención del director
César Fernández Ardavín, que por aquel entonces buscaba una joven de belleza mediterránea para protagonizar
No matarás (1974) film que incidía en el espinoso tema del aborto. Sin hacer ningún casting y con sólo el apoyo de su profesor Miguel Narros la novel aspirante se hizo con el personaje de la protagonista al lado de Tony Isbert. Su cometido era el de una joven provinciana que llega a Madrid, se enamora del empleado de una zapatería y queda embarazada. El novio no quiere ser padre y tratará por todos los medios de convencerla para que aborte.

Con Carole Bouquet en Ese oscuro objeto del deseo |
La fotogenia y desenvoltura de Ángela ante la cámara causó sensación en los medios iniciando así una carrera larga y prolífica en la cual será dirigida por algunos de los más importantes realizadores cinematográficos:
Buñuel,
Gutiérrez Aragón,
Chávarri, Belocchio, Pontecorvo,
Borau, Comenccini, hermanos
Taviani,
Almodóvar, Tanner y Tornatore. Así mismo ha compartido cartelera con grandes intérpretes como
Fernando Rey,
Fernán Gómez,
Sacristán,
Rabal,
Alterio,
Juan Diego,
Mastroianni, Piccolí y
Depardieu entre otros.
En la primera parte de su carrera, como joven y bella actriz en ciernes, intervino en una serie de películas entre las que destacan Las largas vacaciones del 36, de Jaime Camino (1976); La ciutat cremada, de Antoni Ribas (1976) y Camada negra, (1977) su primera colaboración con Manuel Gutiérrez Aragón con quien, posteriormente, haría las que ella misma considera las películas más importantes de su carrera.
El maestro Luis Buñuel deseaba llevar a la pantalla desde hacía tiempo la atrevida y algo melodramática novela de Pierre Louys, "La mujer y el pelele", de la cual ya se habían hecho dos versiones cinematográficas, una en Hollywood con Marlene Dietrich y la otra en París con Brigitte Bardot. Buñuel eligió como protagonista a la recientemente desaparecida María Schneider, pero no le convenció y a los pocos días de rodaje la despidió. Entonces se le ocurrió la muy buñueliana idea de que el papel de Concha Pérez, una mujer contradictoria y promiscua, se lo repartieran dos actrices: en unas escenas la francesa Carole Bouquet y en otras la española Ángela Molina, de la que decía que tenía el rostro de una virgen pagana por la fuerza y visceralidad de sus rasgos. Así lo hizo y el resultado fue la inteligente y surrealista Ese oscuro objeto del deseo (1977). Con esta película a Ángela se le abren las puertas de las cinematografías europeas, e incluso del cine norteamericano. Cierto es que su facilidad con los idiomas hace en muy pocos casos sea necesario el doblaje.

Con Fernando Rey en Bearn |
Jaime Chávarri es otro de sus directores fetiche. La exitosa colaboración se inició en 1977 con
A un dios desconocido un drama en el cual el recuerdo de Federico García Lorca marcaba toda la película. En 1983 rodaron en Mallorca
Bearn o la sala de las muñecas, sobre la famosa novela de Llorenç Villalonga. El señor de Bearn,
Fernando Rey, mantiene un intenso romance adulterino con Xima, su joven sobrina. Este es el eje sobre el que se mueve una gran película donde brilla el esplendor sensual de la Molina ataviada espléndidamente con trajes de época. Chávarri escribió el guión de
El río de oro, (1986) pensando en su nueva musa y la emparejó con Bruno Ganz, prestigioso actor de origen suizo donde componían una pareja de amigos que se reencuentran al cabo de los años. Pero el mayor éxito de la pareja director actriz fue
Las cosas del querer (1984), inspirado en la trayectoria, durante la posguerra española, del célebre tonadillero homosexual y comunista Miguel de Molina. Con esta película Ángela, se colocó a la cabeza de las actrices del país haciendo de Pepita, la confidente amiga del famoso cantante. Sobresalía enormemente cuando cantaba y bailaba con un estilo personal y rompedor. La película encantó y en vista del éxito hicieron una secuela,
Las cosas del querer 2 (1995), con mucha menos fortuna, y hasta Ángela se lanzó al mercador musical con un disco a dúo con Georges Moustaki.
Con la llegada de la Transición, la "Molina" siempre quiso desmarcarse del emergente género del destape. Enfoca su carrera hacia otro tipo de cine de auteur, que reúna calidad y compromiso, con temáticas sociales o políticos, o una vertiente más metafórica. Ella lo define como "el cine de directores que cuentan algo porque, si no lo hacen, revientan..", y lo sigue aplicando a día de hoy en sus elecciones.
Otro de sus títulos más emblemáticos fue
La sabina (1979) de Borau, una coproducción con Suecia, y en la que el cineasta rodeó a la actriz de compañeros de prestigio como Jon Finch, Carol Kane, Harriet Andersson y Simon Ward.
Si con Jaime Chávarri, la artista madrileña consiguió llegar a ser una gran estrella, con
Manuel Gutiérrez Aragón se consolidó como una potente actriz dramática. Rodaron juntos además de
Camada negra,
El corazón del bosque (1979) una imposible historia de amor entre una mujer de pueblo y un antiguo militante del maqui que se esconde en un bosque cercano. Tres años después unieron sus talentos por tercera vez en
Demonios en el jardín, (1982), un retrato alegórico de la España franquista.
La mitad del cielo (1986) fue probablemente la obra más ambiciosa de Molina-Gutiérrez Aragón. El rico y complejo retrato de una mujer que de dependiente de un puesto de casquería en un mercado de Madrid consigue llegar a ser la respetada dueña de un restaurante de lujo. El término de realismo mágico aplicado al cine de Gutiérrez Aragón es muy patente en esta obra, que le valió la Concha de Plata como mejor actriz en el Festival de San Sebastián. Ángela recuerda siempre con cariño y respeto a Gutiérrez Aragón; una vez dijo: ?Las películas que hice con Manolo marcaron mi alma y mi forma de trabajar?.

Con Liberto Rabal en Carne trémula |
En todos estos años la actriz ha intervenido en una serie de producciones rodadas en Italia y Francia, e incluso ha participado en películas americanas, alemanas y argentinas. En 1985 se convierte en la primera actriz extranjera en ganar el David di Donatello por su papel en
Camorra. No en vano, Italia es uno de los países en los que su trabajo es más admirado; es una de las musas del gran Giuseppe Tornatore, y ha trabajado con otros grandes como los hermanos Taviani o Gillo Pontecorvo. Destaca también fuera de nuestras fronteras en
El hombre que perdió su sombra de Alain Tanner con Paco Rabal, en
Le voleur d´enfants con Marcello Mastroianni o en
1492: la conquista del paraíso, la superproducción de Ridley Scott sobre el descubrimiento de América.
De los grandes realizadores españoles
Almodóvar era el único con el cual no había trabajado la diva y valió la pena esperar, porque en
Carne Trémula, (1979) dio un verdadero recital de su particular forma de hacer. En 2009 rueda de nuevo con el manchego
Los abrazos rotos, un gran melodrama donde tenía un cometido corto pero decisivo.
Ángela ha madurado físicamente muy deprisa y los años han marcado su rostro convirtiéndolo en una sublime máscara capaz de expresar cualquier sentimiento.
En sus últimos trabajos en España ha hecho un cine algo marginal y sus colaboraciones con jóvenes realizadores son admirables. En
Carne de neón (2011) de Paco Cabezas, un thriller destroyer, según su realizador, interpreta a una vieja prostituta enferma de alzheimer recién salida de la cárcel, que emociona, enternece y hasta hace reír.
Ahora tiene en pantalla
Vidas pequeñas, (2010) un film que el argentino Enrique Gabriel ha tardado cinco años en preparar. Drama que retrata a un grupo de personas sin brillo en busca de la felicidad. Ángela, esta vez es Celeste, una poetisa que terminará escribiendo horóscopos en revistas esotéricas aquejada de un cáncer terminal.
Rodó el año pasado en
Italia Amaro, amore, con Francesco Henderson y acaba de intervenir, dirigida por Henning Carlsen en
Memoria de mis putas tristes, donde interpreta el personaje de una prostituta junto a su hija, Olivia.
En televisión española triunfa en la actualidad con la serie Gran reserva, al lado de
Emilio Gutiérrez Caba.
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