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Filmotech.com - Revista de Cine - ReportajesCuando la cámara se situaba a la altura de la cadera
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Cuando la cámara se situaba a la altura de la cadera

www.filmotech.com. 27/11/2013 13:25:09. Noticias

Yasujiro Ozu

Yasujiro Ozu


Vivimos tiempos de guerras mundiales, confabulaciones, robots, traficantes, polis, polis-robots, quiero decir, héroes, super-héroes, meta-heroes (dentro del cine, me refiero...) Sin duda es así porque el público lo pide a gritos, porque en esta sociedad de lo accesorio y lo superfluo lo necesitamos, está claro.

¿O no?

En estos días estamos recibiendo un regalo muy especial: Es digno de mención que la casualidad, el márketing o lo que sea (da igual) haya dado lugar a que dos películas emparentadas -primas, que no hermanas- hayan llegado hasta las pantallas españolas de la mano de dos distribuidoras como A contracorriente y Golem, que han apostado por ellas convencidas de que esta sociedad de lo accesorio y lo superfluo sigue teniendo sensibilidad para emocionarse con exposiciones que denuncian precisamente eso: la fata de autenticidad de los procesos y las actividades que dominan nuestro día a día.

Estas películas, que son paisanas entre si puesto que su origen es el país del sol naciente, son Una familia de Tokio, del director octogenario Yôji Yamada (Osaka 1931) y De tal padre, tal hijo, de Hirokazu Kore-eda. Ambas cintas tienen cosas en común, entre ellas una trayectoria promocional en cuanto a su paso por festivales europeos similar en el tiempo -y en el espacio-, de forma que a lo largo de 2013, se han hecho con todos los beneplácitos de la concurrencia a su paso por los festivales de Cannes, San Sebastian y Valladolid.

Una pareja de ancianos que vive en una pequeña isla, viaja a Tokio para visitar a sus tres hijos. Los hijos quieren compartir su tiempo con sus padres, pero al mismo tiempo están muy ocupados con su trabajo. Esta actitud hace que los ancianos se sientan algo incómodos en la gran ciudad, además de herir su sensibilidad al considerarse estorbos para sus hijos. Entre tanto, asisten a los cambios que han sucedido en la sociedad urbana dentro y fuera de su familia. Entran nuevos y entrañables personajes a formar parte, pero también hay pérdidas…

Yasujiro Ozu

Yasujiro Ozu

Desde su gestación, Una familia de Tokio está concebida como un homenaje a la inmortal Cuentos de Tokio, una película de Yasujirô Ozu de 1953. Este clásico está considerado como una de las mejores películas de la historia del cine. Su aire zen, su amabilidad narrativa, su vocación precursora de un Japón moderno que sale poco a poco de la postguerra y su contribución al perfil conocido del japonés de clase media la convierten en una obra magistral del arte cinematográfico. Fotográficamente siempre será reconocible por esa sempiterna cámara situada a la altura de los ojos cuando se está de rodillas sobre un tatami en el cenador de una casa tokiota cualquiera. Si se está de pie, a la altura de la cadera…

Yôji Yamada fue discípulo de Ozu en los estudios Shochiku, donde Cuentos de Tokio se produjo. Es ésta quizá la razón por la que, si era planteable una revisión del clásico 60 años después, Yamada fuera la persona idónea para ello. Y el resultado da la razón a este planteamiento porque, si bien la revisión es fiel a la original, sin embargo adquiere una cierta autonomía muy loable y justificada, consiguiendo recalcar y matizar con respecto al tiempo y al espacio la realidad y las costumbres de la ciudad japonesa actual, trazando de nuevo una radiografía del japonés urbano de clase media, objetivo que tanto Yamada como Ozu se propusieron.

Una familia de Tokio fue la ganadora de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, donde se alzó con la Espiga de Oro a la Mejor Película. Esta semana, gracias al esfuerzo de A contracorriente, la película japonesa logra posicionarse entre las diez más vistas en un día laborable en nuestro país. Después de su estreno del viernes 22, Una familia de Tokio, con tan sólo 27 copias digitales, entró en el Top 10 del Box Office español.

En consonancia con la actualización de la fraternal amistad hispano-japonesa y la empatía mutua que ambos países se profesan, la cinematografía de Japón ha sido invitada a la muestra de la 23ª semana internacional del cine de Madrid, representada en la figura del director Hirokazu Kore-Eda (Tokyo 1962), del que se estrena en estos días en salas comerciales la película De tal padre, tal hijo, película ganadora del premio especial del jurado en el último Festival de Cannes.

De tal padre, tal hijo

De tal padre, tal hijo

Dos familias tokiotas son informadas de que sus hijos de seis-siete años fueron intercambiados por un error al nacer. El estado les anima a intercambiarlos de nuevo para que los niños continúen su vida dentro de su familia biológica. Para la familia más modesta, es el mayor de tres hijos; para la más acomodada, es su único hijo. En esta última, el padre, arquitecto meticuloso, profesional y orgulloso de su trayectoria, se enfrenta a un debate interno: ¿Cuál fue mi verdadera intención al tener descendencia? Educar y proyectar mis virtudes en otro ser humano o asegurar mi transmisión genética personal de la misma forma que actuaría, llevado por su instinto, un animal?

“Con mucha frecuencia me comparan con Ozu pero nunca he dicho que me haya influido. No hay duda de que es un grandísimo director, pero la manera de rodar de Ozu es muy difícil de copiar. Nunca le he intentado copiar ni hacer nada parecido…”

Kore-Eda ha rodado una película bipolar. Al igual que en Una familia de Tokio, el tono amable y costumbrista no exento incluso de tintes de humor se mezcla con la duda corrosiva de un hombre que no sabe qué hacer ante lo que le han comunicado. Todo lo que Ryota tiene se lo ha ganado trabajando duro y está convencido de que nada puede estropear su perfecta vida. Pero un día deberá escoger entre lo innato y lo adquirido. La amargura existencial de las dos madres, entes secundarios en la jerarquía japonesa familiar, con esa profunda entrega hacia los niños, es otro dardo envenenado de la película. Esta actitud hace que el padre arquitecto, después de conocer a la familia que ha criado con amor a su verdadero hijo durante seis años, empiece a preguntarse si realmente ha sido un “padre”.

De tal padre, tal hijo

De tal padre, tal hijo

La filmografía de Kore-Eda se convierte poco a poco en una de las obras más interesantes de la contemporaneidad, cargada de reflexión, silencios, lucidez, serenidad y sobre todo amabilidad y autenticidad. After Life, Hana, Still walking o Milagro dan fe de ello. Kore-Eda dedicada la película a su única hija. Declara el director que se reconoce incapaz de dar un consejo sobre paternidad, y probablemente sea esta coyuntura la que hace que la película sea un excelente vehículo de aquello que se propone transmitir.

“Hace 40 años hubo varios casos en los que los hospitales intercambiaron a los niños y en esa época el 100 % de los padres eligieron a su hijo biológico. Es algo que me sorprendió mucho. Ahora no tenemos una cifra exacta pero el porcentaje ha bajado y algunos eligen los niños que han cuidado los últimos seis años”.

Una familia de Tokio

Una familia de Tokio

Con este planteamiento de partida, Steven Spielberg, presidente del jurado del Festival de Cannes donde De tal padre, tal hijo ganó el Premio del Jurado, ha hecho público que está interesado en realizar un remake de la película. No es oficial, pero este interés ya ha dado lugar a la distribución de la película original por Estados Unidos.

Yôji Yamada y Kore-Eda trabajan de forma similar en dos planos diferentes. Por un lado, y como ya hemos dicho, se refieren a cuestiones como el hombre japonés insertado en su cultura urbana, el papel de la mujer, el papel de la familia, la idiosincrasia del salary-man tokiota, en contraposición con las nuevas generaciones, más frescas, más espontáneas, necesariamente más occidentalizadas…

Pero el gran mérito de esta cinematografía radica en no disimular su verdadero objetivo, plasmar las expectativas y las reflexiones del hombre y la mujer mirando en la lejanía, ya sea el perfil de la ciudad desde un rascacielos o el mar desde un transbordador… Estos momentos constituyen un destilado muy puro de la función básica del arte escénico que fue, es y será, desde que lo inventaron los griegos, el intento de respuesta a las grandes preguntas: Quien soy, donde estoy, qué estoy haciendo y lo más importante de todo: ¿por qué?


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