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Vivir de Cine
actor|actriz de la semana
ELISABETH TAYLOR
La última leyenda viviente del cine
Filmotech. Enviar a un amigo

Cleopatra será siempre Liz Taylor.

Cleopatra será siempre Liz Taylor.
Ha sido la mujer más famosa del
universo, la más bella,
la más calumniada y la más
generosa del banal mundo del cine.
Hace pocos días la prensa mundial se hacía eco de unas cartas escritas por Richard Burton a Elisabeth Taylor durante los años de la tempestuosa unión de la pareja. En una de ellas Mr. Burton amenazaba con quitarse la vida si su amada compañera le abandonaba. El asunto ha hecho correr mucha tinta y ha traído de nuevo a los titulares a los protagonistas de tan peculiar relación.

Elisabeth Taylor nació en Londres el 27 de febrero de 1932; hija de un anticuario americano y de una actriz frustrada. Siete años después se instalaron en Los Ángeles y la ambiciosa progenitora de aquella preciosa criatura logró introducirla en el mundo del cine. En 1942 hizo su primera aparición en la pantalla; y en 1944 con Fuego de juventud, se convirtió en una estrella infantil al incorporar a una muchachita que ganaba como jinete el Premio Nacional de Inglaterra. Siguieron múltiples y variados trabajos; en 1951, Un lugar en el sol, de George Stevens, le dio el espaldarazo mundial, siendo desde entonces, durante décadas, la mujer más bella y famosa del mundo.

En esta película trabajó con Montgomery Clift, del que se enamoró, pero éste no le pudo corresponder debido a su condición sexual, en cambio, se convirtió en su amigo más querido y fiel a lo largo de toda su vida. Con Monty protagonizó, según la crítica mundial, las escenas más hermosas de amor que se habían visto en el cine hasta entonces. Entre 1951 y 1960 trabaja sin parar, en algunas obras inolvidables como: Mujercitas, un delicado estudio sobre la adolescencia; El padre de la novia, una comedia deliciosa donde interpretaba a la hija de Spencer Tracy, Ivanhoe, probablemente, una de las mejores películas de aventuras jamás filmadas, donde encarnaba a una bella judía enamorada del católico caballero; La última vez que ví París, de Richard Brooks, basada en una historia de Scott Fitzgerald que contaba los avatares de una pareja en conflicto permanente; El árbol de la vida, una fabulosa superproducción con una dramática historia enmarcada en la guerra de Secesión americana donde da vida a una sureña con problemas mentales que acaba trágicamente; una vez más, le acompaña su adorado Montgomery Clift. Por este trabajo consiguió por primera vez una candidatura al Óscar como mejor actriz; Gigante, de George Stevens, basada en un best seller de Edna Farber; una saga centrada en una riquísima y despótica familia tejana propietaria de un inmenso rancho en la que incorpora, por vía matrimonial, a una aristocrática señorita de Virginia. La película muestra el contraste entre los cónyuges y la relación amorosa platónica de la dama con un rebelde vaquero de la finca. Este triángulo formado por Elisabeth Taylor, Rock Hudson y James Dean, con los que la actriz mantuvo una intensa y profunda amistad, era la columna vertebral de la epopeya de una familia a lo largo de varias décadas y en la que se mezclaban: amor, racismo, petróleo, rebeldía, inconformismo y muerte; La gata sobre el tejado de zinc, de Tennesse Williams y Richard Brooks, al lado de un fastuoso Paul Newman donde encarnaba a una sensual belleza del sur, enamorada de un marido con tendencias homosexuales. Precisamente en aquel año 1958, durante el rodaje de la película, muere en un accidente aéreo, su segundo marido el acaudalado productor Michel Todd. La muerte de este hombre marcó para siempre la vida de Liz, nombre con el que había bautizado el avión en el que pereció. Vivieron una intensa historia de amor y Todd la colmó de joyas y regalos de lujo, iniciando así el amor desmedido de la diva por los diamantes y otras piedras preciosas. Elisabeth sufrió mucho con la dramática desaparición de Michael Todd y terminó el rodaje bajo supervisión médica. La prensa estadounidense la llamó la viuda de América, y nunca olvidó a quien tanto la había amado, consentido y malcriado; De repente el último verano, un escalofriante drama de Tennessee Williams llevado a la pantalla por Joseph L. Mankiewicz, con guión de Truman Capote, en el que una millonaria, Katherine Hepburn, pretende que le hagan una lobotomía a su sobrina, Elisabeth Taylor, que le haga olvidar lo ocurrido el último verano: unas vacaciones donde pierde la vida, de una manera atroz, el hijo de la acaudalada señora. Miss Taylor comparte reparto, una vez más, con su fiel amigo Montgomery Clift. La película fue un escándalo y dio millones en taquilla. La acertada y morbosa combinación de homosexualidad, canibalismo y maldad entusiasmó a los espectadores. Por su apasionado trabajo como la atormentada Catherine, Elisabeth Taylor fue nominada al Óscar como mejor intérprete femenina.

Liz Taylor debutó como actriz muy joven.

Liz Taylor debutó como actriz muy joven.
Al margen de su profesión, Miss Taylor llevaba una agitada vida sentimental. Durante este periodo se casó a los 18 años con Nicky Hiltton, un niñato mal educado heredero de la famosa cadena de hoteles; con Michael Wilding, un flemático, elegante y maduro actor inglés, con quien tuvo dos hijos; y con el cantante y actor Eddie Fisher, casado con Debbie Reynolds, a la que abandonó seducido por los encantos de la actriz.

Walter Wanger, un afamado productor cinematográfico, deseaba desde hacía años llevar al cine Cleopatra. Se lo propuso a Elisabeth Taylor quien le pidió un millón de dólares por encarnar a la controvertida reina de Egipto. Wanger aceptó, convirtiendo así a Miss Taylor en la primera actriz que cobraría tan fabulosa suma. A poco de iniciarse el trabajo en Cleopatra, su protagonista cayó gravemente enferma de una dolencia pulmonar que casi le cuesta la vida. Sólo gracias a una traqueotomía lograron salvarle la vida. Este fue el principio de un largo peregrinaje de la actriz por clínicas de medio mundo. Tuvo problemas con la columna, con los ojos y hasta tuvieron que extirparle del cerebro un tumor del tamaño de una pelota de golf. No obstante, ella, indomable, vencía a las enfermedades y era habitual verla en las páginas de las revistas, saliendo de hospitales, sentada en silla de ruedas, sonriendo y saludando a los fotógrafos.

El rodaje de Cleopatra ha sido, con seguridad, el más publicitado de la historia del cine. Por dificultades con el guión tardó más de un año en terminarse. Los decorados, el reparto multiestelar, el alquiler de los grandes estudios Cinecittà de Roma y, sobre todo, el romance tempestuoso y adulterino de Elisabeth Taylor y Richard Burton. L’Osservatore romano, portavoz del Vaticano, metió baza en el asunto calificando a Elisabeth Taylor de pecadora pública y aventurera sexual. Cuando se conocieron, Mr. Burton, el Marco Antonio de Cleopatra, era un guapo galés reconocido como uno de los mejores actores del momento. Había nacido en 1925 y estaba, en apariencia, felizmente casado, Era ya famoso por sus flirteos amorosos y su afición al vodka y al whisky. Estaba ansioso por trabajar con Taylor y Mankiewicz porque sabía que este papel le convertiría en estrella de la pantalla. El 2 de agosto de 1984 falleció, prematuramente, de una hemorragia cerebral, y tres días antes había escrito la carta que hemos recordado, a su antigua amada, a la que estuvo unido durante diez largos años. La historia amorosa de los Burton, como les llamaba la prensa, hizo tambalear la producción de Cleopatra con sus escandalosos altibajos. El coste total de producción alcanzó los 40 millones de dólares, convirtiéndose así en el film más caro hecho hasta el momento. Fue mutilada por el estudio y a pesar de críticas diversas recuperó el coste de su producción. El New York Times y las revistas Cahiers du Cinema y Film Ideal la calificaron de obra maestra absoluta.

Tras el revuelo que causara su historia de amor, Burton y Taylor, se divorcian de sus respectivos cónyuges y se casan en Canadá. Su relación es tremenda, lo mismo se aman locamente que se pelean con igual intensidad. Beben, viajan, se compran yates, coches de lujo y chalets en Suiza. Sin embargo donde Burton demuestra su apasionado amor a su bella mujer es cuando le regala joyas fabulosas entre las que destacan: el diamante de casi 70 quilates adquirido en Cartier, en una subasta, por más de un millón de dólares o la famosa perla Peregrina, la perla más grande que se conoce, (su tamaño es el de un huevo de paloma). Esta joya pertenecía a la familia real española desde hacía siglos y su último propietario fue la reina Victoria Eugenia.

Los Burton formaban la pareja más famosa del mundo y juntos hicieron muchas películas entre las que destacan: La mujer indomable, una espléndida y barroca versión de La fierecilla domada, de Shakespeare, dirigida por Franco Zefirelli; Castillos en la arena, un drama romántico de Vicente Minnelli; La mujer maldita, de Joseph Losey, una intrigante y morbosa versión de una obra de Tennessee Williams, que indaga en el misterio de la vida y la muerte; y sobre todo ¿Quién teme a Virginia Woolf? de Mike Nichols, una excitante mirada sobre las sadomasoquistas relaciones de un matrimonio, que a pesar de quererse con gran intensidad, intentan destruirse mutuamente, (la ficción imitaba a la realidad), en una terrible noche de Walpurgis. Miss Taylor ganó por este trabajo su segundo Óscar como mejor actriz; el primero fue por Una mujer marcada, retrato crudo y cruel de una prostituta de lujo y sus relaciones imposibles con un amante de la alta sociedad. ¿Quién teme a Virginia Woolf? rompió tabúes en la rígida censura del cine americano. Por primera vez se trató una relación conyugal difícil, sin tapujos y usando palabras obscenas y diálogos de una gran crudeza. La película produjo millones en el mundo entero, y consolidó a los Burton como los actores mejor pagados y más populares.

Cleopatra será siempre Liz Taylor.

Una imagen emblemática de La gata sobre el tejado de zinc.
Pero todo acaba; la pareja se divorció después de haber adoptado a una niña malformada e intentaron seguir cada uno su camino particular; sin embargo se necesitaban y volvieron a casarse en África; el fuego ya no era el mismo y rompieron de nuevo al cabo de un año.

Las cartas de Richard Burton a Elizabeth Taylor, que ahora se van a publicar en forma de libro, enseñan los altibajos de una gran pasión y del grandísimo amor que Burton nunca volvió a sentir por otra mujer, sobre todo, en esa carta en la que le amenaza con matarse si ella le abandona. Tres días antes de morir el actor, le envió una última misiva en la que le reiteraba su inmortal amor. Elisabeth ha confesado que la guarda en su mesilla y suele leerla casi todas las noches.

Elisabeth Taylor vive retirada en su mansión de Bel Air en Beverly Hills. Se casó dos veces más con resultados desastrosos y sólo se ocupa de promocionar una fundación creada por ella para ayudar y tratar de curar a los enfermos de SIDA. Hace poco subastó de su fantástica colección de pinturas de maestros uno de sus dos van goghs para entregar los beneficios de la venta a esta fundación.

Miss Elisabeth Rosamond Taylor, Hiltton, Wilding, Fisher, Burton, Warner es como se ha dicho de ella, la última leyenda viviente del cine dorado de Hollywood.

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