Jess Franco, Clifford Brown, Jess Frank, James P. Johnson, Lulú Laverne, o cualquiera de otros casi 40 pseudónimos, se resumen en una única persona: Jesús Franco Manera, nacido en Madrid en 1930 en el seno de una familia acomodada (es tío del escritor Javier Marías).
Iba para abogado, pero acabó estudiando cine en el Real Conservatorio y el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas en Madrid, antes de ir a la Sorbona en París. Tras participar en todo tipo de tareas en varias producciones, realizó varios cortos antes de pasarse al largometraje. Fue ayudante de dirección de Orson Welles en Campanadas a medianoche y Don Quixote, y colaboró con grandes cineastas españoles como Fernando Fernán Gómez y Juan Antonio Bardem, a quien dedicó emocionado su Goya de Honor el pasado 1 de febrero.
Debutó como director con la película Tenemos 18 años (él tenía 19), pero su primer gran éxito sería Gritos en la Noche, con el actor suizo Howard Vernon encarnando por vez primera al siniestro Doctor Orloff, personaje que constituyó la particular aportación de Jess Franco a la galería de malvados legendarios del cine. Con esta película, Franco llegó a una conclusión: él no quería hacer cine comprometido, sino un cine que le gustara, y como desde siempre había adorado el expresionismo alemán, se decidió por el terror.
Tras varias coproducciones con países como Francia, Gran Bretaña, Italia, Suiza, Holanda y Luxemburgo, rueda en Alemania Necronomicon, su primer film totalmente "extranjero". En él comenzarían a gestarse los ingredientes de su propio género: terror con grandes dosis de erotismo, un cóctel que no sólo marcaría su carrera si no que acabó constituyendo un género cinematográfico en sí mismo y del que Franco ha sido y será su mejor representante.
El film compitió en la Berlinale, lo que proporcionó una creciente fama al director fuera de nuestras fronteras. A partir de 1966 rueda y exhibe sus películas fuera de España a una media de ocho títulos al año. También comienza a trabajar con actores como Christopher Lee, que encarnó a Drácula y a su particular Fumanchú.
En 1974 dirige Drácula contra Frankenstein, otro de sus grandes clásicos, alabado por la crítica francesa, pero destrozado por la crítica española, que no supo entender su corrosivo sentido del humor. Por entonces su estilo era todo un sello personal: erotismo a raudales y un aire a cómic de terror gótico. Y no es sólo que hiciese películas "como churros", sino que era una especie de hombre orquesta del cine. También se encargaba de los guiones, el montaje y la música de sus películas.
Durante los años setenta, el terror fue cediendo terreno al erotismo hasta desembocar en el cine puramente porno en la década de los ochenta, con varias películas protagonizadas por Lina Romay, su pareja hasta hoy. El nombre de su esposa aparece incluso firmando algunos títulos, posiblemente como otro de sus pseudónimos. Mientras tanto, entre un rodaje y otro, aún hubo tiempo para alguna pequeña incursión en el género fantástico o la ciencia ficción, siempre manteniéndose fiel a su premisa de hacer únicamente el cine que le gusta.
Ya en los noventa su producción disminuye considerablemente, al tiempo que resurge el interés de los fans extranjeros por sus películas, hecho este último que hace que sus últimas producciones se orienten claramente al mercado norteamericano. En los últimos años, ha realizado divertidos cameos en las películas Kárate a muerte en Torremolinos y Ellos robaron la picha de Hitler dirigidas ambas por su discípulo, Pedro Temboury.
Como suele decirse, nadie es profeta en su tierra. Jess Franco siempre ha pensado y defendido que el cine debe ser un mero entretenimiento que ayuda a vivir a la gente y no cree que sea el medio adecuado para transmitir consignas sociopolíticas. A pesar de esta afirmación, su provocación le ha costado muchos años en el exilio y en la sombra de la serie B. Ahora, tras 189 películas, ya era hora de ser reconocido como el maldito que siempre ha sido. |