El pasado viernes día 23 de junio, nos dejaba el actor y productor Juan Luis Galiardo y con él su cordialidad abrumadora se desvanecía para siempre. Las reacciones desde todos los ámbitos de la cultura no se hicieron esperar, y los testimonios recogidos por los medios de comunicación destacaban cómo el intérprete gaditano, con su apasionada personalidad, arrasaba allá por donde iba.
Su
vitalidad era
contagiosa y encontraba esa fuerza, que derrochaba en cada segundo de su vida, en su
principal motivación, su
familia. El empuje que le inspiraban los suyos, lo demostraba además en su profesión, siendo generoso hasta el extremo con sus compañeros. Como señaló el actor y director, Jesús Bonilla, Galiardo se ocupaba más de sus ?colegas? de rodaje que de él mismo.
?Es uno de los actores que han hecho que el cine español sea muchísimo mejor que lo que dicen aquellos que no van a ver cine español?. Con estas palabras, José Luis Cuerda reivindicaba la figura de
Juan Luis Galiardo, tras darle su último adiós. La
pasión arrebatadora con la que vivió su
profesión y con la que defendía al
cine español, le condujo a tomar las responsabilidades que conllevan adentrarse en el ámbito de la producción.
Su afán por preservar la vocación y el oficio que daban sentido a su vida y a la de sus compañeros de gremio, le animó a formar parte, como vocal, del Consejo de Administración de
EGEDA, la Entidad de Gestión de los Derechos de los Productores Audiovisuales. No conforme con este papel dentro de dicha entidad, fue
presentador en un buen número de ocasiones de los
Premios Cinematográficos José María Forqué otorgados por EGEDA.
Además, Galiardo preocupado por los cambios que estaban sucediendo a un ritmo vertiginoso en el sector audiovisual, debido a las nuevas formas de difusión a través de Internet, contribuyó a crear y participó de una manera muy activa en las ediciones del
Seminario Permanente Ortega y Gasset sobre la
Industria Audiovisual en España.
¿Qué hubiera sido de Juan Luis Galiardo sin
Turno de Oficio? La exitosa serie de televisión supuso el gran salto de calidad en la carrera artística del actor gaditano. El
punto de inflexión, que anunciaba que lo mejor de Galiardo estaba por llegar, que tras una juventud en la que abundaban las comedias ligeras y los personajes de galán, llegaba una madurez repleta de papeles de una complejidad mayor y con una carga dramática, que aunque dura de sostener, venía acompañada de la mejor de las recompensas: el aplauso del público, la crítica, y por supuesto, de sus camaradas de profesión.
Turno de oficio, dirigida por Antonio Mercero, le proporcionó uno de sus personajes más recordados, el abogado socarrón del turno de oficio
?El Chepa?, y supuso su debut en actividades de producción. Quizás sea ésta la faceta menos conocida de Galiardo. Sin embargo, a partir de su primera experiencia su nombre apareció en varias ocasiones en los títulos de crédito como productor o como productor asociado, en largometrajes como
Espérame en el cielo (1988),
Enciende mi pasión (1994),
Esa maldita costilla (1999), o en la producción para la pequeña pantalla,
Mi teniente (2001), entre otros proyectos.
Volviendo a la faceta en la que más se prodigó, la de actor, y centrándonos en la etapa que inició con el papel de
?El Chepa?; Juan Luis Galiardo ofreció una extensa variedad de registros y dejó su impronta en películas muy dispares, de las cuales habría que destacar
El disputado voto del señor Cayo (1986),
El vuelo de la paloma (1989) o
Los mares del sur (1992), en el que daba vida al personaje literario creado por
Manuel Vázquez Montalbán,
Pepe Carvalho.
Para entonces, Galiardo empezaba a trabajar con los grandes directores de la filmografía española. Participó en
Todos a la cárcel (1993) de
Luis García Berlanga,
Así en el cielo como en la Tierra (1995), de
José Luis Cuerda,
Suspiros de España y Portugal (1995), de
José Luis García Sánchez, o
Tango (1998) de
Carlos Saura.
También cineastas de generaciones posteriores a
Berlanga o
Saura, como
Fernando Trueba o
Fernando León de Aranoa, contaban con el talento del actor andaluz para
La niña de tus ojos (1998) en el caso de
Trueba, o para
Familia (1996), de
León de Aranoa.
Posteriormente, le llegaría quizás la mayor alegría en el ámbito profesional, el
Premio Goya al Mejor Actor Principal por su interpretación en
Adiós con el corazón (2000). En esta película daba vida a Juan, un atractivo cincuentón al que le abandona su última conquista, y para colmo aparece una joven cubana diciendo que es hija suya.
Otros momentos de satisfacción le depararía el destino: dar vida en dos producciones distintas, al escritor
Miguel de Cervantes y a su máxima creación,
Don Quijote de la Mancha. Galiardo se metió en el papel del antihéroe cervantino en
El caballero Don Quijote (2002) y en el del literato en
Miguel y William (2007).
Prueba del estado de gracia en el que se encontraba el actor, fueron sus apariciones sobre las tablas de los teatros participando en los montajes de
Antígona y
Edipo Rey de
Sófocles, de
Las Comedias Bárbaras de
Valle ? Inclán, y en los últimos años dando vida a
Harpagón, en
El avaro, de
Molière.
Juan Luis Galiardo. Se fue una de las personalidades más sanas y más cordialmente estruendosas del cine español. Desde
EGEDA, todos los que nos consideramos sus amigos, es decir, todos, sentimos muy hondamente su ausencia y estamos contentos únicamente por haber tenido la ocasión de convivir con él.
Enrique Cerezo Torres
Presidente de EGEDA